EL TIEMPO
La verdad es que siempre nos han hecho entender que el tiempo es un concepto creado por el hombre, a conveniencia de éste y para “organizar” la historia de una forma ordenada. Y la verdad es que en la vida todo está regido por el tiempo. Y en la mayoría de los casos está camuflado por otros conceptos a modo de “máscara” pero la realidad es que es el tiempo el bien más preciado que tenemos aun siendo un concepto “artificial”.
Hace pocos días leí la noticia de que Telefónica (a mí me gusta llamarla cariñosamente Timofónica) había comprado una red social llamada Tuenti. Una red social española con unos 8 millones de usuarios. Nunca he acabado de entender como una empresa que había invertido una pasta gigantesca en crear un portal llamado keteke.com lo deja de lado y se gasta, de nuevo, 70 millones de euros en comprar Tuenti. Al principio pensé que era para quedarse con 8 millones de usuarios a los que “vomitar” sus productos comerciales. Parece un motivo poderoso ¿no? Pues yo creo que no es así. Leyendo unas estadísticas de dicho portal resulta que cada usuario dedicaba una media de ¡83 minutos diarios!” en esta red. Este es el valor importante. El tiempo que pasan los usuarios en dicho portal. Dicho de otra forma ¿de qué sirven 100 millones de usuarios si éstos no pasan ni 2 segundos dentro de la red? De nada. Por decirlo de alguna forma, es más importante qué tiempo pasa cada usuario en tu portal que cuántos usuarios tiene.
Otro escenario en el que el tiempo tiene una importancia muy elevada pero que pasa de cierta forma desapercibido, es en los trabajos. Cuando vamos a negociar nuestros sueldos hablamos de dinero. El dinero es lo importante. ¡NO! Ni mucho más lejos. ¿no os parece que el tiempo es mucho importante? Si por el mismo sueldo, trabajáramos menos horas, ¿no estaríamos más contentos? Sé que diréis que el tiempo y el dinero van en relación. Es decir, que todos sabemos que el dinero que intentamos negociar va en relación a 40 horas semanales de trabajo (que luego se convierten en….. muchas) pero nadie se plantea negociar su puesto de trabajo con TIEMPO. Bueno, a decir verdad, cada día más la gente aprecia este concepto. Seguramente porque los sueldos tienden a encallarse en las revisiones anuales por lo que la masa obrera ha adaptado sus reclamaciones a otros valores más negociables. Y ahí aparece el tiempo. Y menos mal. Trabajar menos (quiero decir, menos horas que no se me malinterprete) significa mejor calidad de vida o, dicho de otra forma, el dinero nos resulta más rentable.
Yo soy uno de los que pensó en el tiempo tarde. Demasiado tarde. En muchos trabajos dediqué mucho tiempo y, al final y aunque gané más dinero, no me aportó una “rentabilidad” en mi vida suficiente.
Si queremos pasar por la vida intentando obtener un resultado personal y una experiencia vital de calidad, demos importancia al tiempo que corre que se las pela
y cuando menos lo esperemos, nos daremos cuenta que lo hemos gastado a lo tonto. Con pasta (ojalá) pero a lo tonto.
El tiempo es oro!
MADRE
A la vuelta de vacaciones me he visto obligado a dedicar una entrada en este blog a las madres (bueno, yo a la mía). Tal como indiqué en la entrada dedicada a las vacaciones las opciones de veranear se basaban en ir “al pueblo” o irte por tu cuenta pagando un pastarracón. Bien, mi opción ha sido la de ir “al pueblo” donde el Hostal Royal Manzanares (es decir, la casa de mis padres) está regentada por la mujer más eficiente y predispuesta que he conocido en el mundo: mi MADRE (permitidme que lo ponga en mayúsculas. Comparativamente mi MADRE tiene mucho más valor que Jesucristo y éste comienza ya por una mayúscula. Mi MADRE no podía ser menos
)
Sin duda, la entrega de una madre no tiene comparación ni con el mejor de los servicios del mejor de los hoteles del mejor país turístico que se te pueda ocurrir. Tajante, pero cierto. En algunos momentos tenía la idea errónea de que parecía que era una persona contratada para hacernos las estancia lo más agradable posible. Y no. No era así. Salía de su interior. Incansable. Altruista. Detallista. Complaciente. Los calificativos serían interminables. Bien es cierto, y para no pecar de “empalagoso”, que tiene el puntito negativo necesario para que no acabe siendo “odioso” y es que hace de uno (en este caso yo aunque creo que lo podría hacer extensivo a todos los que hemos compartido el espacio/tiempo del lugar donde hemos ido a “veranear”) un verdadero vago y líder de uno de los pecados capitales más inevitables: La pereza.
Desde aquí (aunque ya lo he hecho en persona) no puedo más que agradecer todo lo que mi mujer preferida (compitiendo con mis 3 princesas, claro está) ha hecho por mí y por todos los que estábamos con ella.
La Madres! Son la leche! ¿No os lo parece? Van un paso por delante. Nos conocen como nadie. Recuerdo que mi MADRE con la mirada sacaba de mí hasta la última verdad más escondida. Cuando pasaba por uno de sus “interrogatorios” en los que solo pretendía ver el status de mi vida de crápula, se quedaba mirándome fijamente. Buscando en mi impertérrito semblante un leve indicio de mentira. Yo, conocedor de esta “técnica policial”, intentaba mantener el tipo pero, sin saberlo, acababa confesando las borracheras que había tenido, los porros que me había fumado y las mujeres a las que había intentado conquistar (sin éxito, claro. Pero ella ya lo sabía. No hacía falta intentar “farolear” un dato humillantemente infalseable)
Insisto, están hechas de otra pasta. La entrega por los suyos no es comparable. Bien es cierto, y quiero pensar, que la figura paternal cada día aporta mejor relación en cuanto a términos fraternales se refiere, pero sigue sin estar a la altura de las Madres. En mi infancia, mis padres eran comparables a la figura del Estado. ¿Por qué? Entre los dos, albergaban los 3 poderes de un Estado. Mi MADRE hacía la función Legislativa y Ejecutiva. Mi padre, la militar. Bueno, la legislativa se iba alternando dependiendo del momento del día y/o del día de la semana. Las normas no eran las misma si mi MADRE estaba sola que si mi padre estaba presente. Digamos que mi MADRE descansaba
Supongo que sabéis de qué hablo.
Por última vez. Es un lujo que pasa de generación en generación. La Madres son las que sostienes este país. No os quepa duda. Quien tiene una Madre sabe a qué me refiero. Y los que, por desgracia la han perdido, sin duda saben mucho mejor que el resto a qué me refiero. Ojalá nos duraran para siempre pero, como no es así, agradecedle todo lo que podáis que luego puede ser tarde y viene el momento del arrepentimiento que, con absoluta franqueza, ya no sirve para nada.
MAMÁ, muchos besos y muchas gracias!!!!
VACACIONES. NOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!
¡Malditas vacaciones! Y diréis “¿Cómo puede decir eso una persona en su sano juicio?” Pues porque yo me estreso en vacaciones. De hecho me estreso por pensar en que soy ese “bicho raro” que no le gusta las vacaciones. Lo del bicho raro me lo hacéis pensar la mayoría
¿Cómo puedo defender mi teoría? Me baso en dos cosas que creo que son generalizadas:
- La certeza de que tenemos que, una vez pasadas las vacaciones, sufrir una “depresión post-vacacional”
- La coincidencia de que todos los que van de vacaciones regresan diciendo “necesito unas vacaciones para descansar de las vacaciones”
¿Quién no ha dicho/sufrido una o dos de estas situaciones? No voy a discutir que el formato de nuestros puestos de trabajo exige de un descanso obligatorio, tanto el de fin de semana como el del periodo vacacional. No podemos estar trabajando todos los días del año. Eso es indiscutible. Y debemos descansar cada “x” tiempo. Eso es indiscutible. Mi problema viene del famoso, obligado y tan recurrido “cambio de aire” que todo el mundo alude para defender sus vacaciones. ¿Cambio de aires? ¿Para qué? No lo entiendo. Yo en mi trabajo estoy a gusto. En mi casa estoy muy a gusto. Con mi familia estoy muy a gusto. De hecho creo (y espero no equivocarme) que mi familia le pasa lo mismo que a mí. Y además, quiero hacerlo extensivo a todo el mundo. Es decir, si tenemos una vida más o menos feliz, ¿por qué leches cambiar de aires? ¿Huida quizás? No quiero pensarlo.
Resulta que debo salir de mi casa (bueno, no debo pero me pongo en modo “mártir”) en el periodo vacacional para luego volver a la normalidad del año lectivo/laboral. Así cambio de aire y cuando vuelvo tengo fuerzas para afrontar el nuevo “curso”. ¡Todo lo contrario! Vengo con muchas menos fuerzas.
Si las vacaciones son descansar (que desde mi punto de vista es el punto primordial):
- ¿por qué leches voy a un hotel con 300 personas desconocidas a que me sirvan con una cara agria unos canelones hecho del día anterior con la carne de las hamburguesas que nadie se comió para luego meterme en una piscina donde, bajo un buen análisis químico, encontraríamos restos de Whisky, Vodka y Ginebra (a partes iguales) de la noche anterior?
- ¿Por qué me voy a 3000 Km a hacer largas caminatas o visitar sitios en los que me pican insectos que jamás había pensado que existieran? O, simplemente, que el hecho de viajar ya es muy cansado. Tanto la ida como la vuelta (¿jet-lag?)
Si las vacaciones son cambiar de aires:
- ¿por qué me voy a 800 Km (a veces más) a convivir a una casa con las mismas personas con las que convivo cada día de mi vida a hacer lo mismo que hago a 100 metros de donde vivo y con gente con la que, a veces, no quiero estar?
- Si debemos cambiar de aires en Agosto ¿Por qué nos vamos a un sitio que tiene entre 5-10 grados más de temperatura que donde vivimos? Joder, busquémonos un sitio que haga fresquito.
- ¿Meterse en una playa con 500 millones de personas a tu alrededor es cambiar de aires? Si la respuesta es que sí ¿podríamos considerarlo como cambio de aires a peor?
Lo siento. No concibo mis vacaciones y mi descanso basado en estos conceptos. No me da la gana. Luego están los que “atacan” por mi lado débil: “Si no lo haces por ti que eres un saborío, hazlo por tus hij@s”. ¿Por mis hij@s? Claro! Las meto en un avión en clase turista que no se pueden levantar en 3 horas. O nos cascamos 8 horas de viaje en coche. Esto para llegar a un sitio en el que la comida o bien es de una calidad mínima o bien la debemos compartir con mucha gente (demasiada). Hacer “caquita” se convierte en una fantástica aventura con final incierto. Las camas. Las almohadas. El agua. Los servicios en general. MI INTERNET!!!
. Y no quiero olvidarme de las maletas. Esas maletas llenas de “porsis” (por si llueve, por si hace frío, por si se manchan, por si nos atacan los marcianos….) que pesan media tonelada y que si vas para 10 días te llevas ropa para 20 días. Un hecho que deberían analizar los científicos. Si en tu casa utilizas una ropa al día (algunos menos) ¿por qué te llevas el doble? Y un último análisis para acabar ¿Alguien en la puta vida ha utilizado TODA la ropa que ha llevado a sus vacaciones? ¿Por qué cojones seguimos llevando cantidades ingentes de ropa si sabemos que no la vamos a utilizar? Me enerva!
Que sí, que no hace falta que me lo digáis, soy un “tiquismiquis”. Pero en mi casa, en la tranquilidad de mi entorno, con mi familia jugando juntos, bajando al parque (sí, sé que hay un parque allí donde voy a 800 Km pero no me compensa), yendo a la piscina, a la playa, a comer en un restaurante, ahí soy feliz, muy feliz. Y es el entorno que YO y los míos hemos decidido construir para convivir. Es decir, al menos es el apropiado. Qué menos ¿no?
Viva la rutina y la monotonía! Eso sí, que sea una rutina construida por nosotros y en el que todo el mundo que participa esté de acuerdo. Si somos los que queremos ser y estamos donde queremos estar ¿por qué debo cambiar de aires? Y, ¿a qué aires?. Yo solo quiero descansar y compartir mucho tiempo con los míos. No quiero extraños en mis vacaciones. Si alguien me garantiza que puedo encontrar un sitio que se parezca a mi entorno y que no haya de compartir un metro cuadrado de tierra incandescente con 4 familias más, que me lo diga. Otra cosa, si es muy caro, que no puedo
Sed felices en vuestro entorno y descansad cuando podáis. Con esto ¿quién necesita vacaciones?
Se abre la veda! Podéis criticar a voluntad J
LA EDUCACIÓN
Sin duda, un tema que es vital para evitar situaciones que puedo haber descrito en este blog. Desde mi punto de vista, la educación es la parte más importante en la sociabilidad de una persona.
He querido tratar este tema porque llevo días pensando en por qué existen tantas situaciones en las cuales me he visto involucrado y que, a veces, he descrito en varias entradas de este blog. Es decir, tengo la impresión de que, más allá del agrio carácter que puedo exhibir rutinariamente, me encuentro con situaciones que podrían haberse suavizado si todas las partes hubiéramos tenido una mejor educación. Y no me refiero a una educación basada en el conocimiento (que también y es fundamental) sino en una que se base en la educación emocional, en las buenas formas, en el respeto.
¿No os parece que llevamos muchos años de devaneos en temas de reforma laboral y en la educación y que eso está haciendo que generación tras generación se vaya perdiendo progresivamente un "algo" que antes sí se tenía? No sé, hemos pasado de "pedir permiso" a "ojo con mis derechos". Hemos pasado del "lo hago por tener las puertas abiertas" a "para lo que me pagan". Antes se escuchaba un "puedo ayudarle?" contra un seco y aséptico "Quién va?". Es como si en unos años enseñando a las nuevas generaciones (suena facha no?
) sus derechos, éstos se hayan convertido en una brigada de defensa de los mismos por encima de cualquier otra variable. Tengo la teoría que con cada generación se pierde un % de educación social. Tengo un buen amigo que me comentaba el otro día, al exponerle mi teoría, que mi pensamiento era un pensamiento recurrente y que cada generación pensaba que la inmediatamente posterior carecía de algo que la presente sí tenía. Vamos, que lo que pensaba yo de las generaciones posteriores a mí lo habían pensado de mí las generaciones anteriores a mí. Puede ser. Es más seguro que tiene razón pero seguiré en “mis trece” que es lo que más caracteriza mi personalidad J
A lo mío.
No tengo pruebas. He de confesarlo. No tengo ninguna prueba fehaciente de lo que digo es cierto. Simple y llanamente tengo una experiencia personal que me gustaría extrapolar a lo general aun sabiendo que no debo y no es “científico”. Mi objetivo con esta entrada es que me deis vuestra opinión y que pueda formar una mínima estadística que confirme o niegue mis pensamientos.
La experiencia de la que os hablo se basa en los tratos que he tenido y tengo con acciones tan comunes como:
- Comprar el pan
- Coger el autobús o metro (poco, pero algo)
- Recibir llamadas de ofertas suculentas en multitud de áreas tipo ADSL, agua por osmosis, pisos en multipropiedad y un “corto” etcétera
- Llamar a soportes telefónicos
- Hacer entrevistas de trabajo (yo a potenciales empleados)
- Relacionarme con proveedores que me quieren vender
- Relacionarme con clientes a los que quiero vender
En este tipo de experiencias noto que la gente nos hemos puesto una “coraza” para protegernos de unas supuestas agresiones en formato “oferta” o “respuesta” que vienen personadas en gente de mil y un tipos diferentes. Pues bien, cuanto más joven la persona que me atiende o llamo, peor el resultado que obtengo y peor la sensación que tengo en cuanto a “buenas formas”. Y no tiene que ver nada con raza, origen, religión, sexo o lo que sea. Solo con la edad.
Y supongo que, como dice mi buen amigo, si es recurrente ¿por qué leches no lo intentamos remediar con las generaciones que nos siguen? ¿O con nuestros hijos mismos? Porque es imposible. Es un comportamiento social. No podemos hacer nada. La formación depende de muchas cosas. También de los padres. De hecho, la educación de los padres debería ser fundamental. Básica. Pero creo que llegados a un punto (edad) nos damos por vencido. Educación de los padres 0- Educación social 4. Por goleada, vamos. O somos todos a la vez o estamos jodidos.
Os aseguro que espero estar equivocado y que mi amigo tenga razón. Igual esto es como lo de los pelos en la oreja en los hombres que nos vamos haciendo “mayores” y es que hasta que no te salen no sabes lo molesto que son por mucho que ya existieran antes de tú tenerlos y de que te lo hubieran dicho.
Respeto, es sencillo. Y que empiece por mí mismo
