DE DÓNDE DICES QUE ERES?
Hace unos días comentaba con un amigo un caso que hizo renacer en mi conciencia lo pobre que es la moral de la gente en este país. En general. No digo todos. Digo en general, es decir, que a la que podemos (y me incluyo mayestáticamente) metemos la cuchara para ver qué podemos recoger. Os cuento la historia:
Donde vive existe un colegio que tiene cierta reputación ya no solo en el barrio sino en la ciudad. Es un colegio concertado (gratis?, no solo concertado) en el que todo el mundo quiere que estudien sus hijos. Existe, como es normal en un colegio con cierta reputación, más solicitudes que plazas. Una de las familias que se quedó fuera protestó. Y no protestó por protestar (habilidad inherente al español corriente) sino porque él sabía que habían aceptado en el colegio a alumnos que no vivían ni en el barrio y, ni siquiera, en la ciudad. Ni corto ni perezoso lo comunicó al director quien, como también viene siendo habitual, se encogió de hombros indicando que él o bien no podía o bien no quería hacer nada (no sé porqué, creo que en este caso ganaría el "quería"). Hablaron con Departamento de Educación de nuestra comunidad y cuando todo parecía haber caído en saco roto, aparece una noticia de una investigación de la policía local que estaba investigando los empadronamientos "extraños" de ciertos alumnos. Ya han caído algunos. Han sido expulsado del colegio. Como bien me comentó un amigo, el niño en este caso no tiene ninguna culpa. Podrían haber aguantado al niño hasta final de curso y después obligarle a cambiar de colegio. En este caso deberían ser los padres quienes deberían de pagar una multa bien "gorda" por haberse hecho los "listos" en esta situación.
Lo que me da más rabia de esta historia es la verdadera hipocresía con la que se tratan ciertos temas. Me juego el cuello que la mayoría de estos padres "fraudulentos" piensan que el Félix Millet o el Jaume Matas son unos sinvergüenzas por haber hecho lo que han hecho y no se dan cuenta que ellos, a su nivel, han hecho exactamente lo mismo. Porque no es una cuestión de volumen, es decir, de cuánto o qué "robas" o "escatimas" es el hecho moral de intentar conseguir a toda costa y por un bien propio algo que no te pertenece. Y lo peor, a sabiendas que ni te pertenece ni puedes conseguirlo.
Necesitamos abandonar de forma imperativa la doble bara de medir que solemos utilizar en nuestra forma de ser. Ser consecuentes con una forma de pensar y respeto, mucho respeto a nuestro entorno.
QUE NO ESTAMOS TAN MAL HOMBRE!
Aprovecho estas famosas palabras de un presidente de futbol para hacer esta nueva entrada en el blog. Sabéis que siempre soy algo crítico con las actitudes de mis "compatriotas". Lo pienso y lo seguiré pensando. La cultura del menos esfuerzo, máximo beneficio y máxima queja está impuesta en nuestra forma de pensar. Eso es innegable.
Lo que vengo a contar hoy es una experiencia que puede parecer enfrentada a este pensamiento general y está basada en mi paso por urgencias de un hospital público español. Por recomendación de mi doctora de cabecera fui a urgencia a que me hicieran una pruebas que sino tardarían muuuucho tiempo y no era cuestión de dejarlo pasar. Bien. Estuve casi 7 horas en urgencias. Para mi asombro, no me enfadé. Solo me cansé. Por qué si eso crispa a cualquiera? Más aún a mí! Por qué leches no me enfadé?
Porque en tan solo 7 horas me pude dar cuenta de dos cosas: la facilidad con la que podemos saturar los ciudadanos los servicios "públicos" y la inmensa inversión que tiene que realizar el estado para cubrir la necesidad de un buen diagnóstico.
La verdad es que cuando uno llega a urgencias lo primero que piensa es "Madre mía lo que voy a tener que pasar aquí de rato" y cuando sale piensa "Bueno, al menos no es nada". Entre estas dos frases han pasado varias horas y una inversión en tiempo de profesionales y en maquinaria bestial! Qué pedazo de máquinas que ví! Qué cantidad de personal manejándolas con qué soltura!
Resumiendo, que debemos de empezar a pensar dos cosas:
- Tenemos una sanidad que debería ser la envidia de cualquier país del mundo. Y lo es. Afortunadamente para la gente que vivimos en este país y que tanto nos quejamos, disponemos de un servicios sanitario público IMPRESIONANTE
- Debemos entender que para que siga siéndolo, debemos hacer un uso razonable del mismo. Asumir que los únicos culpables de las horas de espera somos nosotros mismos y pensar en respetar a los profesionales que nos cuidan.
Excepciones a lo que diga, habrán. Pero excepciones, simple excepciones.
